LOS MOTILONES, UNA EXPERIENCIA EN LAS SELVAS DEL CATATUMBO
Escrito por:
Lic. Alfonso Solano Carrascal
Lic. Jesús Hernando Solano Carrascal
TERCERA PARTE
La comunidad motilona nos invita a pescar y cazar. La utilización de una planta con efectos de anestesia
En las horas de la tarde del cuarto día, salimos de pesca y cacería. Los hombres, caminaban adelante sin camisa; unos con guayuco y otros con pantalones recogidos. Portaban: flechas largas para el arco, flechas pequeñas, flechas largas al estilo de las lanzas romanas y cerbatanas. Nosotros, detrás de ellos. Las mujeres, venían atrás con los niños. Vestían trajes que cubrían su cuerpo. En sus espaldas traían un canasto que pendía de sus cabezas por medio de una cinta de corteza de árbol. A medida que íbamos avanzando por la espesa vegetación y en completo silencio, las mujeres iban recogiendo racimos de plátano y yuca de los pequeños cultivos. Los hombres parecían gatos en busca de la presa. Cuando su oído captaba la presencia de un ave o mico, pronunciaban una señal y todos, con las flechas listas, caminaban lentamente y con la mirada clavada en las copas de los frondosos árboles hasta que el objetivo caía en la hojarasca. El mico o ave, era recogido por las mujeres.
Cuando llegamos a un ancho río, las mujeres se ubicaron en una de las orillas. Los hombres se introdujeron en él. El agua les llegaba hasta la cintura. Unos comenzaron a colocar hojas de bijao para que sirviera de barrera a los peces mientras que los pescadores golpean el agua para que los peces se dirigieran hacia la trampa. Realizado el trabajo de acorralar la presa, comenzó la faena de la pesca que se convierte para ellos, en una competencia de demostración de sus habilidades en este oficio. Unos, con las flechas largas o lanzas, mostraban su trofeo lanzándolo al lugar indicado para que las mujeres, niños y niñas hicieran su tarea. Las mujeres, abrían el vientre del pescado para sacarle el tripero que era consumido inmediatamente por los niños y niñas. Otros, los más jóvenes, se profundizaban con un pequeño cuchillo puesto en la boca y salían en pocos segundos, con el brazo en alto, mostrando el premio. Cada una de estas hazañas fue objeto de ovaciones.
De la pesca y la cacería aprendimos que ellos para escoger el cacique, es decir, el que los guía en la guerra o en las faenas para obtener el alimento, debe ser un joven de gran contextura corporal (físico) y habilidoso en los anteriores aspectos. Por eso en las jornadas de pesca y cacería, se esfuerzan por mostrar sus dotes. El jefe de tribu, es la persona adulta de mayor edad. Se encarga de dar consejos y poner orden dentro de la casa comunal.
Bien entrada la noche, toda la comunidad se hizo en la planada de la puerta principal, con antorchas en mano, esperando la llegada de un grupo de cazadores. Los cazadores fueron recibidos con sonidos y saltos en expresión de alegría por la presa capturada: un saíno. De su consumo no supimos. Nunca nos invitaron a saborear sus cocimientos. Lo único que compartieron con nosotros fue el mascar un bejuco. Lo hicimos al igual que ellos, momentos antes de salir de pesca y cacería. Al mascarlo, se nos durmió la lengua por muchas horas. Daba la sensación de haber consumido algo mentolado. Esta planta la utilizan para no sentir hambre ni sed ni cansancio. También la vimos utilizar en la extracción de un diente o muela a un miembro joven de la comunidad. La cirugía consistió en utilizar la punta de un cuchillo para utilizarlo como palanca. Así se le extrajo el diente. Esto lo hicieron ante el fracaso de unas monjas que lo intentaron con unas pinzas.
PROXIMA ENTREGA...
CUARTA PARTE
Sobre la política y la religión presente en la comunidad. El proyecto ganadero
No hay comentarios:
Publicar un comentario