miércoles, 3 de abril de 2024

CONOCIENDO EL RINCONCITO DE ESTUDIO Y REMANSO DE LOS ENSUEÑOS DEL MAESTRO GERARDO CARRASCAL

 

Por: Jesús Hernando Solano Carrascal

 


El jueves santo y la casona ubicada en el parque principal del municipio de Madrid (Cundinamarca) nos abrió el espacio para el encuentro con mi paisano, pariente y amigo Gerardo Carrascal. Tomarnos un tinto en tan acogedor espacio, nos transportó a nuestro querido pueblo de Convención, Norte de Santander. El ambiente y el aroma de café y panela rompieron todos los protocolos para iniciar un diálogo ameno sobre muchos aspectos de la adolescencia vividos en nuestro terruño.

Siendo estudiantes de la secundaria en el colegio Guillermo Quintero Calderón, el hoy distinguidísimo pintor artístico y poeta Gerardo, se destacaba por sus habilidades para plasmar, en las hojas del cuaderno, el insecto o esqueleto humano, dejados como tarea por el profesor de biología. Esa habilidad artística le permitió captar una realidad oculta para muchos de nosotros pero que él las comunicó a través del arte plasmado en papel bond o periódico. Aquellos dibujos, fijados en lugares estratégicos del pueblo, en el amanecer de un domingo, generaron alboroto e incomodidad en la dirigencia política.


Desde aquella época hasta hoy jueves Santo del año 2024, no había tenido la oportunidad de revivir muchos episodios de Convención. Así que animados por el tinto y la casona madrileña, comenzamos a traer a cuento apellidos, nombres, acontecimientos y calles como El Camellón, Aracataca, La Quebradita, Palo Redondo, la Plazuela, La Cadena, El Tun Tun,  La Curva, El Lano, El Llano del Balón, El Cerro de la Virgen, El Ariete, El Tamaco…; el orígen de nuestros apellidos; del apogeo y decadencia comercial del pueblo;  de los amigos y conocidos que ya partieron para la eternidad y de los que aún siguen pisando el planeta Tierra; de su familia y de la mía; de sus trabajos artísticos; de sus libros y de sus poemas.

La emoción de la conversación nos invitaba a seguir consumiendo tinto. El tiempo no importaba. Pero… mis familiares ansiosos por conocer EL RINCONCITO DE ESTUDIO Y REMANSO DE LOS ENSUEÑOS DEL MAESTRO GERARDO CARRASCAL, nos presionaron a salir de aquella casa con salones amplios,  paredes apisonadas pintadas de blanco, techo de teja de barro y pasillos con barandas  de madera, color verde, mirando hacia el parque. Era el lugar propicio para la remembranza. Nos sentíamos estar conversando en una de las heladerías ubicadas alrededor del parque de Convención.


Ya avanzada la noche, caminamos hacia el RINCONCITO,  en silencio, siguiendo los pasos del pintor y poeta Gerardo Carrascal. Atravesamos varios apartamentos. Ascendimos al segundo piso por la escalera. Saludamos a su esposa y entramos al RINCONCITO DE SUS ENSUEÑOS. A lado y lado, infinidad de obras y sus herramientas de trabajo.

Como buenos estudiantes estuvimos atentos a las explicaciones de algunas de sus creaciones artísticas. En el rostro del maestro no se vislumbraba afán. Nos enseñó algunas de sus obras en miniatura que vende para galerías europeas y sobre todo a Japón. Nos habló de sus proyectos artísticos  y de la editorial que va a publicar sus poesías acompañadas con ilustraciones de su autoría. Amenamente explicó los acontecimientos que inspiraron la obra conocida como AUTOBIOGRAFÍA. En esa pintura encontramos auto-retratos en diferentes situaciones: uno, detrás de una reja (prisión) y otro, contemplando su sepelio.  Al lado del féretro,  sus familiares descendiendo de la casa paterna, por las escaleras adyacentes al negocio de Chuma Sanguino, con dirección al cementerio por  la calle central. En este lienzo plasmó el dolor  familiar por la falsa noticia de su muerte en extrañas circunstancias.



En los lienzos plasma la naturaleza con una magia que solo brota de sus geniales pinceladas. Allí reúne especies del paisaje biodiverso colombiano con sus minúsculos habitantes como hormigas, mariposas, libélulas junto a diminutas gotas de agua. En otros, sus pinceladas protestan por la destrucción de la naturaleza.

 

 


 

 

jueves, 18 de enero de 2024

CANICAS, GARBINCHES O BOLAS

 


Aprovechando el tiempo libre y el reencuentro con la familia en navidad, me puse a revisar cajas arrinconadas, cajas olvidadas y en una de ellas encontré una bolsa llena de bolas de cristal que en algunas regiones las conocen como  canicas, garbinches o bolas.  Tal vez pertenecieron a mis hijos. A ellos les encantaba jugar bolas. Pues ese bello hallazgo me trasladó a viejas épocas vividas en mi pueblo Convención (Norte de Santander) y sobre todo al barrio La Cadena en donde pasé mi adolescencia. Aquí, en la “Y” que forma la vía que nos trae desde La Esperanza hasta llegar a la semiplanada donde funcionó la trilladora “la Primavera” de propiedad de don Bibiano Solano Zapardiel, sí, en ese ramal, jugaba bolas con los hijos del vecindario. La creatividad nos permitía divertirnos de muchas maneras: unas veces se hacía un semicírculo para colocar en el centro una bola por cada jugador y por supuesto que eran muchos. Para evitar desacuerdos o desavenencias se establecían unas condiciones: cada jugador lanzaba una bola desde la distancia establecida. El dueño de la bola que quedara más cercana al semicírculo, tenía el derecho a golpear su bola contra las otras que estaban en el centro de la figura ya descrita y si lograba sacarla, podía continuar obteniendo bolas hasta que fallara. También se podía “ponchar” o “quemar” la bola del contrincante más cercano. De esta manera nos entreteníamos en nuestro amado pueblo. Entonces, al encontrarme esa bolsa de bolas o canicas o garbinches, nos pusimos a jugar los adultos para iniciar con energías el año 2024. Felicidades para todos!

miércoles, 1 de junio de 2022

ARIDES CONTRERAS EN LA VUELTA DE LA JUVENTUD 1972- ENTREVISTA

 

ARIDES CONTRERAS EN LA VUELTA DE  LA JUVENTUD 1972

ENTREVISTA

                                            





       

La VUELTA DE LA JUVENTUD, es una competencia de ciclismo en ruta que se realiza en Colombia con corredores en categoría sub-23. La primera edición se corrió en 1968 y ha sido ganada por ciclistas con destacada actuación a nivel nacional e internacional como Rafael Antonio Niño (1970), Efraín Pulido (1972), Fabio Parra (1979), Miguel Ángel López (2014), Richard Carapaz (2015), entre otros.      

Nuestro paisano ARIDES CONTRERAS participó en la Vuelta de la Juventud en el año de 1972. Hoy muchos se preguntarán: ¿Cómo hizo este convencionista para estar en tan prestigiosa carrera ciclística? En una entrevista vía telefónica vamos a conocer la historia:

 

HERNANDO: Buenas noches Arides, me alegra saludarte. Llevo mucho tiempo tratando de recordar las vivencias ciclísticas que vivimos en Convención al lado de muchos pioneros de este deporte en nuestro terruño. Con Carlos Rey y vos compartimos experiencias ciclísticas  y vos tuviste la oportunidad de participar en una gran carrera; entonces, quisiera que me contaras y le contaras a las nuevas generaciones convencionistas tus aventuras  ciclísticas  para que tu nombre sea recordado como un deportista sobresaliente en Convención.

ARIDES: Ay, Nando! Escuché el mensaje de voz  tuyo y me pareció excelente ese proyecto para que lo mandés a Convención y lo guarden allá en La casa de la Cultura. Voy a enviarte fotos y recortes de periódicos. Amigo de la juventud y amigo del ciclismo; juntos vivimos muchos momentos del ciclismo y muchas salidas a El Hoyo, San Pablo, Guamalito, El Carmen.

Entre los años de 1969 y 1970 salimos a muchos pueblos de la provincia. Yo tenía 16 años. En esos años nosotros salimos en las bicicletas a conocer los municipios que quedaban alrededor de Convención. También fui a La Mata, Aguachica, Abrego. Te agradezco mucho la entrevista y me siento muy complacido que vos me recordés como ciclista. Vos fuiste mi compañero de ciclismo.

HERNANDO: Cómo te iniciaste en la práctica del ciclismo?

ARIDES: Entre 1969 y  1970, se practicó mucho el ciclismo en la provincia, haciendo recorrerías por Ocaña, Guamalito, El Carmen,  El Hoyo, Abrego, Teorama. Existía un grupo de deportistas como Carlos Rey, Hernando Solano, Dioscito  Ibáñez, Juancho  “el cebollero”, (Juancho Sanguino), Adriano Sanguino, Enrique Manzano, Pedro manzano. Yo tenía como 16 años.

Me inicié en el ciclismo porque mi mamá me compró una bicicleta. Costó $600 pesos. Una Monark  de las mejores que había. Era de las más finas. En esa empecé a montar. Carlos Rey me enseñó a montar. Seguí saliendo con él y me convertí en su competidor. Fuimos a correr a varios municipios. El ganó carreras y yo también en la categoría especial. Vos también ganaste en la modalidad de turismo. Tuvimos competencias con ciclistas de aquí de Ocaña. Yo corrí en Ocaña. Carlos Rey también corrió. No sé si vos también corriste a una doble a Abrego. En esa forma yo fui empezando a mirar las cualidades, las capacidades que tenía para montar en bicicleta.

Recuerdo que en cierta ocasión llegó un ciclista del Valle del Cauca a Convención; un tal FABIO MORALES. Corrió en Convención muchas horas.  Duró como dos días montando en la bicicleta y yo lo acompañé todo la noche. También fue una experiencia muy bonita. Monté como unas 18 horas sin bajarme. Dando ahí vueltas al parque. La gente mirando el espectáculo y a lo último se presentó una competencia de velocidad para terminar. El señor Morales que venía en una bicicleta profesional y quien había corrido una Vuelta a Colombia, me dijo que  hiciéramos una demostración de velocidad y así fue que corrimos la velocidad y yo en el momento en que empezamos, me fui adelante y le gané. Le gané en el momento ese. Él estaba cansado, supercansado. Fue muy bonito eso. Fue una experiencia para mi muy grande. Después de que corrimos allí en el parque yo cogí mi bicicleta; cogí por la calle central hasta llegar a mi casa. Mi casa quedaba al lado de La Plazuela; o sea que del parque había que subir toda la calle central en bicicleta y yo como si nada, cogí y subí para mi casa. Claro que cuando llegué a mi casa…  caí a la cama, mejor dicho, como muerto. No me podía ni sostener; pero eso fue una experiencia de resistencia en la bicicleta, muy bonita también. No sé si te acordés vos Nando de ese momento.  Eso fue en 1969. Todo esto fueron mis primeros momentos de mi vida en el ciclismo.

También me acuerdo mucho de Miguel Solano. El compró bicicletas y alquilaba bicicletas y también montaba con nosotros. En esos tiempos quien tenía bicicleta en Convención, era como si tuviera una moto, porque casi moto no había. El lujo era montar en su buena bicicleta.

HERNANDO: Cómo fue y en qué año se te dio la oportunidad de participar en la Vuelta de la Juventud?

ARIDES: En el año de 1970, cuando yo corría allá en Convención, fue cuando empecé a ganar las primeras competencias. Me fui preparando en las salidas a los pueblos.

En el año 1971, como a mitad de año (julio o agosto), fue a Convención el entrenador de la Liga Nortesantandereana de Ciclismo y me llamó; quería conocerme y di algunas demostraciones subiendo por la calle central. Luego, Justo Pintao Londoño, que fue un señor que corrió La Vuelta a Colombia, miró que yo tenía buenas condiciones. Entonces me dijo que viviera a Ocaña a correr; que iban a venir de Cúcuta, de Pamplona, de Ocaña y yo de Convención. Carlos Rey se le había dañado la bicicleta y no vino a correr. Entonces  vine a correr al lado de unos cuarenta (40) ciclistas y  quedé de tercero. De ahí fue donde el entrenador me dijo que me iba a seleccionar para que representara al Norte de Santander. Me llevó para Cúcuta. Fue la primera vez que monté en avión. Salimos de Ocaña para Cúcuta y allí estuvimos en “concentación” con otros ciclistas y así fue como yo empecé a evolucionar en el ciclismo. Luego, allá en Cúcuta corrimos varias competencias en Venezuela (San Cristóbal y Estado Rubio); también fuimos a correr a Pamplona. Yo me gané la doble a Pamplona. Entonces, fue cuando el entrenador me dijo que estaba seleccionado para ir a la vuelta de la juventud. Esto fue en el año 1972, el 5 de febrero. Nosotros salimos a representar al Norte de Santander. Fuimos a correr en Pereira. Antes de ir a Pereira, estuvimos como 15 días en Medellín entrenando con Cochise Rodríguez, Héctor Emilio Cataño, Rodolfo Arce, Leonardo Correa. Todos esos ciclistas que eran famosos en esa época. Con todos esos antioqueños que eran bravos para el pedal. 

Corrí en Medellín la prueba “Domingo a domingo” con ciclistas de la talla de Marín Emilio Rodríguez “Cochise”. De 500 ciclistas, quedé en el puesto 47. Tengo el honor de haber subido el temible Páramo de Letras (*)

(*) “Dicen los que saben de ciclismo que para “graduarse” como pedalista profesional o aficionado hay que “coronar”, por lo menos una vez en la vida, el temido e imponente Alto de Letras, un puerto colombiano de 80.7 km de longitud que comienza en el caluroso municipio de Mariquita en el Tolima y termina en el páramo de Letras, muy cerca a la ciudad de Manizales”. Tomado de https://www.mundobici.co/blog/alto-de-letras.

De Medellín  nos fuimos para Pereira en bicicleta.

HERNANDO: Cuál fue el recorrido de la Vuelta de la Juventud?

ARIDES: Comenzó en Pereira y terminó en Bogotá.

HERNANDO: Qué sentimientos (tristezas o alegrías) te generó la participación en esa gran vuelta al lado de otros competidores con más recursos ciclísticos?

ARIDES: ¿? (La comunicación con Arides se interrumpió hace algunas semanas. Esperemos que algún día pueda contarnos algo más sobre su aventura ciclística)

Dejando a un lado el puesto que haya ocupado nuestro coterráneo en la Vuelta de la Juventud, debo expresar que cuando se escuchaba mencionar su nombre en la voz de los narradores, más de uno en Convención, vibrábamos de emoción. Parecía extraordinario que un joven de CONVENCIÓN estuviera realizando semejante demostración deportiva en carreteras extrañas y frente a grandes equipos bien dotados técnicamente. Eso es plausible y debe seguir presente en la memoria de los convencionistas!

 

 

 

lunes, 16 de mayo de 2022

 

BICICLETAS  Y HAZAÑAS EN CONVENCIÓN (N.S)

Por: Jesús Hernando Solano Carrascal

 
El primer registro que hay sobre la historia de la bicicleta en Colombia, se da en 1884 a través de un medio de comunicación conocido como “Papel periódico”. Por medio de este medio de comunicación se conocieron los primeros accidentes de tránsito generados por las bicicletas en Bogotá.

En Convención, desconozco datos exactos sobre su aparición. Su presencia como vehículo de transporte fue en una época tardía, dadas las altimetrías de nuestro municipio y  a las malas condiciones de los caminos de herradura. Tener una bicicleta en Convención era un lujo.

Durante mi infancia en el barrio El Camellón, nunca vi una cicla. Y eso que era la calle más plana, empedrada y comercial del pueblo. Por esta calle, nuestros campesinos se movilizaban a lomo de mula, burros o caballos hacia las distintas veredas que en verano, el viento levantaba torbellinos de polvo y en invierno, el lodazal hacía aún más difícil su tránsito. Imposible imaginarse a nuestro labriegos movilizándose en las pesadas bicicletas hacia Romerito, Balcones, Soledad o por las travesías de Teorama.

Entre los años de 1966 y 1967, un convencionista procedente de Venezuela se pavoneaba por las polvorientas calles de La Cadena, con una cicla, que hoy podemos decir “todoterreno”. Tenía un marco de hierro pesado, llantas gruesas y grandes; parrilla en la parte trasera en donde montaba algunas cajas de cartón; sillín grande de cuero; manubrios anchos y plateados de donde se desprendían unas varillas que portaban unos cauchos para frenar; guardabarros, que muchas veces se los quitaba para poder frenar con la suela del calzado, en caso de emergencia. La farola en la parte delantera no podía faltar. Esta era alimentada por un dínamo (generador eléctrico) adherido en la tijera posterior que se ponía en acción mediante el rozamiento con la rueda trasera.

Miro, “huevo de pisca” le decían. Fue el primer ciclista que conocí en el sector de La Cadena o  La Primavera. Sus recorridos, generalmente matutinos, eran cortos. Empinado sobre los pedales, salía a paso lento de su casa ubicada cerca de la trilladora “La Primavera”  de propiedad de Bibiano Solano (vía a Cúcuta) hasta el negocio de Chuma Sanguino y viceversa.


 

Años después, aparecieron otros ciclistas, entre ellos,  “El mono Cañas”. A este comerciante, era gracioso verlo montado en su burra de hierro.  Así se les conocía a este tipo de bicicletas en nuestro pueblo. Digo que era gracioso porque le gustaba hacer piruetas. Casi todas las noches, en la calle del comercio o La Primavera, se generaban  aglomeraciones para admirar las acrobacias que hacía sobre su burra.  También era una buena ocasión para deleitar un barquillo (cono de crema) que él preparaba y vendía.

Poco a poco, el barrio La Primavera se fue llenando de bicicletas. El terreno semiplano facilitaba realizar ciclo paseos en las solitarias noches convencionistas. Y no eran propias. Se pagaba por el tiempo que el cliente durara en ella. Así apareció el  primer sitio de alquiler de bicicletas en casa de Lizandro Navarro. Eran bicicletas medianas y en mal estado; pero bueno, nos dio la oportunidad de aprender a montar en un aparato de dos ruedas. Al principio algún pegote nos empujaba y al no tener la habilidad para controlarla, resultábamos estrellándonos contra algún andén. Por lo general eran las puertas de la droguería de Chacón quien nos bautizaba. Pero la insistencia autodidactica no nos privó del goce nocturno que producía el ir desde la estación de gasolina “Lucitania” de propiedad de Roberto Carrascal hasta el negocio de Chuma Sanguino.

Para el año 1970, la bicicleta ya se había popularizado en Convención. Las calles empedradas habían dado paso a la modernidad. Ahora, las principales calles de mi terruño facilitaban el rodamiento de bicicletas más livianas, acordes a los avances técnicos de la época.

La avidez por la cicla, hizo que quien escribe, en compañía de Carlos Rey trajéramos de la ciudad de Ocaña,  unas bicicletas de manubrios curvos, con rin delgado y frenos de guayas, comúnmente conocidas como de semi-carreras (sin cambios) y niqueladas que fueron el furor en el barrio La Primavera. La competencia no dio espera…ya no era extraño ver talleres frente a la Iglesia Monte Carmelo, La Plazuela,  Palo Redondo o en La Quebradita.

Con las radiotransmisiones de competencias como la vuelta a Colombia o la Vuelta al Táchira, se despertó en nuestros paisanos el deseo de realizar trayectos más largos, empinados  y vertiginosos como era descender por la calle quinta hasta la cárcel y ascender dificultosamente por la calle Central o cuarta. Desde Palo Redondo, cerca de la casa de don Marcos Meneses, se impulsaban hasta la semi planada de Ramón Saraza. Aquí tomaban aire para continuar zigzagueantemente hasta el repecho en donde estaba ubicada la tienda de Ramón Plata y el depósito de víveres de Chuma Sanguino.  

En otras ocasiones, en vísperas del día de La Virgen del Carmen, se realizaban competencias desde el Barrio La Primavera hasta el sector de La Laguna.  Muchos se hacían presentes en la línea de partida; pocos llegaban a la línea de meta. Al final de la jornada deportiva,  comentaban que se habían quedado rezagados en el sector de La Curva.  También se hacían circuitos alrededor del parque o desde el parque principal hasta El Trópico.

Tiempo después, el profesor Fernando López, alma del deporte convencionista, impulsó esta actividad, llevando a Arides Contreras y a Carlos Rey a competir en Ocaña. Como estudiantes del Guillermo Quintero Calderon, en más de una ocasión acompañamos a estos sobresalientes corredores en la “doble Ocaña-Abrego”, en un camioncito contratado por los padres de familia.

En cierta ocasión, atrajo la admiración de los convencionistas, un practicante de este deporte que tuvo la osadía de permanecer 24 horas montado en su caballito de acero, girando alrededor del parque, parque que todavía conservaba unas guayas gruesas que según cuentan, pertenecieron a la estación del cable aéreo que funcionó  entre Ocaña y  La Gloria buscando una ruta por el rio Magdalena hacia la Costa Atlántica.

Esto fue un gran espectáculo. Era un día domingo y como muchos recordarán, después de la misa de siete de la noche, no podía faltar el tradicional paseo por el parque. Se daban no sé cuentas vueltas acompañado de familiares, amigos, amigas o compañeros de colegio. También era costumbre sentarse en una de las bancas para tertuliar mientras se llegaba la hora de dormir.

En aquella oportunidad, el foráneo ciclista, ávido de recursos económicos para participar en La Vuelta a Colombia, desencamó al pueblo que hasta altas horas de la madrugada permaneció expectante alrededor de aquel sitio público. Unos sentados en el atrio para poderlo observar bien; otros, meciéndose en la guayas frente al Colegio de La Presentación o frente de la casa de don Campo Elías Salazar. En el trayecto de su rutina ciclística, los presentes les dejaban monedas en el piso para que el foráneo las recogiera en pleno movimiento y cada vez que lo hacía, el público no escatimaba aplausos para sus acrobáticas acciones.  La curiosidad de ver en qué momento el foráneo descendía de la bicicleta para cumplir sus necesidades fisiológicas y el perifoneo  con la voz gruesa y elocuente del profesor Fernando López, hacía imposible abandonar el improvisado ciclodromo recubierto de baldosas grises  y rotas, que muchas veces fueron objeto de habilidosas maniobras.

Para rematar la hazaña en el “ciclo-parque”, la presencia de Arides Contreras, como promisorio representante del ciclismo convencionista, agitó el ego de los presentes. Los dos ciclistas comenzaron a rodar con la promesa de regalarnos un final de infarto, en donde entrarían en juego las capacidades para la velocidad. Y la espera no fue en vano: Arides Contreras salió airoso en esta improvisada competencia.

 

CONOCIENDO EL RINCONCITO DE ESTUDIO Y REMANSO DE LOS ENSUEÑOS DEL MAESTRO GERARDO CARRASCAL

  Por: Jesús Hernando Solano Carrascal   El jueves santo y la casona ubicada en el parque principal del municipio de Madrid (Cundinamarc...