Por: Jesús Hernando Solano
Carrascal
El jueves santo y la casona ubicada en el parque principal del municipio de Madrid (Cundinamarca) nos abrió el espacio para el encuentro con mi paisano, pariente y amigo Gerardo Carrascal. Tomarnos un tinto en tan acogedor espacio, nos transportó a nuestro querido pueblo de Convención, Norte de Santander. El ambiente y el aroma de café y panela rompieron todos los protocolos para iniciar un diálogo ameno sobre muchos aspectos de la adolescencia vividos en nuestro terruño.
Siendo estudiantes de la secundaria en el colegio Guillermo Quintero Calderón, el hoy distinguidísimo pintor artístico y poeta Gerardo, se destacaba por sus habilidades para plasmar, en las hojas del cuaderno, el insecto o esqueleto humano, dejados como tarea por el profesor de biología. Esa habilidad artística le permitió captar una realidad oculta para muchos de nosotros pero que él las comunicó a través del arte plasmado en papel bond o periódico. Aquellos dibujos, fijados en lugares estratégicos del pueblo, en el amanecer de un domingo, generaron alboroto e incomodidad en la dirigencia política.
Desde aquella época hasta hoy jueves Santo del año 2024, no
había tenido la oportunidad de revivir muchos episodios de Convención. Así que
animados por el tinto y la casona madrileña, comenzamos a traer a cuento apellidos,
nombres, acontecimientos y calles como El Camellón, Aracataca, La Quebradita,
Palo Redondo, la Plazuela, La Cadena, El Tun Tun, La Curva, El Lano, El Llano del Balón, El Cerro
de la Virgen, El Ariete, El Tamaco…; el orígen de nuestros apellidos; del
apogeo y decadencia comercial del pueblo; de los amigos y conocidos que ya partieron
para la eternidad y de los que aún siguen pisando el planeta Tierra; de su
familia y de la mía; de sus trabajos artísticos; de sus libros y de sus poemas.
La emoción de la conversación nos invitaba a seguir
consumiendo tinto. El tiempo no importaba. Pero… mis familiares ansiosos por
conocer EL RINCONCITO DE ESTUDIO Y
REMANSO DE LOS ENSUEÑOS DEL MAESTRO GERARDO CARRASCAL, nos presionaron a
salir de aquella casa con salones amplios, paredes apisonadas pintadas de blanco, techo
de teja de barro y pasillos con barandas
de madera, color verde, mirando hacia el parque. Era el lugar propicio
para la remembranza. Nos sentíamos estar conversando en una de las heladerías
ubicadas alrededor del parque de Convención.
Ya avanzada la noche, caminamos hacia el RINCONCITO, en silencio, siguiendo los pasos del pintor y poeta Gerardo Carrascal. Atravesamos varios apartamentos. Ascendimos al segundo piso por la escalera. Saludamos a su esposa y entramos al RINCONCITO DE SUS ENSUEÑOS. A lado y lado, infinidad de obras y sus herramientas de trabajo.
Como buenos estudiantes estuvimos atentos a las explicaciones
de algunas de sus creaciones artísticas. En el rostro del maestro no se
vislumbraba afán. Nos enseñó algunas de sus obras en miniatura que vende para
galerías europeas y sobre todo a Japón. Nos habló de sus proyectos artísticos y de la editorial que va a publicar sus
poesías acompañadas con ilustraciones de su autoría. Amenamente explicó los
acontecimientos que inspiraron la obra conocida como AUTOBIOGRAFÍA. En esa pintura encontramos auto-retratos en
diferentes situaciones: uno, detrás de una reja (prisión) y otro, contemplando
su sepelio. Al lado del féretro, sus familiares descendiendo de la casa
paterna, por las escaleras adyacentes al negocio de Chuma Sanguino, con
dirección al cementerio por la calle
central. En este lienzo plasmó el dolor familiar por la falsa noticia de su muerte en
extrañas circunstancias.
En los lienzos plasma la naturaleza con una magia que solo brota de sus geniales pinceladas. Allí reúne especies del paisaje biodiverso colombiano con sus minúsculos habitantes como hormigas, mariposas, libélulas junto a diminutas gotas de agua. En otros, sus pinceladas protestan por la destrucción de la naturaleza.





