lunes, 25 de octubre de 2021

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN CONVENCIÓN

 

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN CONVENCIÓN
Aporte para su construcción histórica
Por:
Jesús Hernando Solano Carrascal
 
Los Centros Literarios fueron un buen escenario para desarrollar habilidades comunicativas, habilidades lecto-escritoras, es decir, lo que hoy conocemos como Competencias lingüísticas.
Tales Centros Literarios eran un encuentro con la Literatura Universal, la poesía, el teatro. Se llevaban a cabo cada quince días. El docente del área de español, asignaba responsabilidades, en mi tiempo de estudiante, esta tarea la orientaba el profesor Evelio Bayona. Entonces, era un espacio para expresar nuestras opiniones, conocer cualidades artísticas de compañeros, que quizás, no sobresalían mucho en lo académico.
 
El ser humano siente la necesidad de expresarse. Sobre un determinado aspecto, hay muchas miradas y en esa oposición de ideas, nos va educando en ser tolerantes. En ser propositivos en vez de ser reactivos.
 
Al interior del gobierno local, nacional e internacional, se suscitaban muchos interrogantes y las nuevas generaciones convencionistas buscaban respuestas. Estaban ansiosos por expresarse por fuera de los muros de la institución educativa. Anhelaban que los gobernantes de turno, que los campesinos y estudiantes reflexionaran. El camino estaba en las paredes. 
 
Subiendo por la calle cuarta, arriba de La Plazuela, en la pared cerca al depósito de Chuma Sanguino, apareció un creativo dibujo. Estaba allí un joven con los puños en alto y de sus muñecas se desprendían pedazos de cadena. Ese amanecer del día domingo, el sitio mencionado se convirtió en una reflexión colectiva. Los que de La Cadena iban hacia al parque y de los que del parque venían hacia La Cadena, se detenían a contemplar el cuadro que exigía libertad. Unos decían “se entró el comunismo”. Otros, sólo se miraban. Fue tanto el tumulto, que los vehículos que transitaban, se daban gusto en hacer sonar sus cornetas para poder despejar la vía.
 
Al atardecer, en ese misma esquina, se formó un corrillo en donde señalaban como actores del revolucionario dibujo a Lalito Carrascal y a Gustavo Rufiero. Ser los más destacados dibujantes del pueblo, los hacía merecedores para soltar tan temerario acusamiento.
 
Tal pared se convirtió en el sitio de encuentro para estar informado de algunas cosas que sucedían en Convención. Los graffitis siguieron apareciendo muy a menudo al igual que las carteleras informativas de los encuentros de futbol en el Llano del Balón.
 
Los pasquines también aparecieron. Unos para difamar al enemigo político y otros para denunciar malos manejos de recursos; otros con la intención de crear conciencia política.
 
En el colegio Guillermo Quintero Calderón, un grupo de jóvenes lideraban el Periódico Estudiantil. Este trabajo lo hacían los fines de semana en la casa de Olger García Velásquez. El diseño y edición, era toda una proeza. Una vez recogido el material escrito a mano, había que pasarlo a un papel petrolizado mediante la digitación en una vieja máquina rémington que se le quitaba la cinta para que picara el esténcil. Luego, había que coger el esténcil y colocarlo en un marco de madera en cuya base había un mallita como esas que se utilizan para contener los mosquitos. Una vez adecuado el esténcil en tal marco, se echaba una especie de grasa o tinta que vendían en Ocaña. Con una espátula de madera se esparcía dicha grasa. Pero antes había que colocar la hoja de “papel periódico” que era de color amarillo, debajo del marco. De una a una se iba duplicando el contenido del Periódico Estudiantil. Para que la venta del periódico fuera exitosa, se acudía a los chistes de Armando Martínez Solano o de Freddy Moreno, que eran los más chistosos del curso. Igualmente, se adaptaba el Horóscopo, tomado de un periódico nacional, a las necesidades sentimentales de los jóvenes del colegio. Ese era el “gancho” que permitía venderlo en un abrir y cerrar de ojos.
 
Con el tiempo, apareció en Convención El Martillo. Era como una especie de revista. No la editaban en el mimeógrafo o imprenta artesanal, sino que ya utilizaban las tecnologías disponibles, consistente en digitar el contenido en máquinas eléctricas y fotocopiarlo. Los dibujos eran realizados por Raúl Sánchez. El Martillo tenía una visión política más amplia de la realidad colombiana e internacional. Sirvió como medio de expresión de los reclamos de gremios como: caficultores y paneleros. Colaboraron en dicho periódico Juan Solano y Vicente Carvajalino, entre otros.
 
Destacable también la labor realizada por Sixto Barriga y Jorge Jaramillo como corresponsales de las emisoras de Ocaña.

 

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