LA CIUDAD DISFRAZADA
Autor: Jesús Hernando Solano Carrascal
Por fuerza mayor, hoy salí al centro de la ciudad. Ví seres humanos disfrazados igual como iba yo. Es hasta chistoso verse de esa manera. Uno suelta una sonrisa para sus adentros; el otro no la observa. Sólo balanceamos la cabeza como señal de saludo o para expresar: “Gracias porque aún estamos vivos”.
Me imaginaba la ciudad envuelta por el manto de la soledad. Hacía rato que no escuchaba música por los altoparlantes de los vecinos. Tal vez era en solidaridad con todas las personas que se ha llevado el virus. Hoy, los equipos de sonido sonaban en señal del nuevo estilo de vida a que nos toca adaptarnos.
Ya no ví ese estrés que generaba la presencia policial: Quédate en casa! Muchos vendedores ambulantes, con sus respectivas medidas de protección, estaban apostados a lado y lado de algunas vías.
En los almacenes de grandes superficies y ciertas oficias, hacen que las personas disfrazadas, se bañen las manos y se acaricien sus manos con gel. Todos salimos contentos frotándonos las manos y cuidadosos de conservar la distancia. Ya no queremos hablar con el conocido ni mucho menos con el foráneo. Y si las circunstancias nos obligan hacerlo, tratamos de ahorrar palabras.
El firmamento estaba despejado. Corría una brisa fría. Los diversos caños que bajan de la cordillera oriental, estaban contentos acariciando con sus aguas a diversas aves. Contemplé una corocora ensimismada con el susurro del movimiento de la masa de agua. Me la imaginé pensando en cómo será el mañana. Cómo será volver a las actividades laborales y comerciales en medio de la amenaza que nos acompaña. Cómo será la ciudad disfrazada!
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